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Desembarcos españoles en las costas Británicas (I). 1595, la campaña de Carlos de Amézquita

Introducción

En contra de la creencia popular sobre la invulnerabilidad de las costas Británicas, varias expediciones españolas a lo largo del tiempo consiguieron desembarcar en las costas inglesas, escocesas e irlandesas a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Desde finales del siglo XIV y principios del XV, todavía sumidos en plena reconquista, se habían producido exitosas incursiones en las costas inglesas a cargo de los almirantes castellanos D. Fernando Sánchez de Tovar y D. Pero Niño, ya tratadas en este blog.

Sin embargo, en esta ocasión a lo largo de diversas entradas abordaremos los desembarcos de tropas españolas en la costa inglesa entre los siglos XVI y XVIII, a partir del desastre de la "Grande y Felicísima Armada", como realmente la bautizó su patrocinador, Felipe II, en 1588, que en el acerbo popular marca un punto de inflexión histórico alimentado por la famosa "Leyenda Negra". De esta manera, veremos que este episodio no es más que uno entre tantos, y que las diversas campañas se saldaron con variopintos resultados, si bien en todas ellas lo cierto es que las tropas españolas pusieron pie en las islas Británicas.

La campaña de Carlos de Ameźquita

Las operaciones españolas se levaron a cabo en Cornualles
En el contexto de la guerra entre España e Inglaterra, de 1585-1604, por la sucesión al trono francés, el Maestre de Campo Juan del Águila y Arellano decide organizar una expedición de castigo a territorio inglés en represalia por el decidido apoyo de estos últimos al pretendiente Enrique IV de Francia.

Dicha tarea le es encomendada al capitán Carlos de Amézquita, quien al mando de tres compañías de arcabuceros zarpó el 26 de julio de 1595 de Blavet en cuatro galeras (Capitana, Patrona, Peregrina y Bazana) pertenecientes a la escuadra de Pedro de Zubiaur. Tras recalar en Penmarch en demanda de provisiones, desembarcaron en Inglaterra en la Bahía de Mounts, en el extremo occidental de la península de Cornualles, el 2 de agosto.

En cuanto la flotilla apareció junto al puerto de Mousehole, las milicias inglesas, que aglutinaban a varios miles de hombres y eran la piedra angular de la defensa inglesa en caso de invasión de tropas españolas, arrojaron las armas y huyeron despavoridas ante la presencia de los Tercios españoles. 


En dos días los españoles camparon a sus anchas, saqueando y quemando las localidades de Mousehole, Paul, Newlyn y Penzance. También desmontaron la artillería de los fuertes ingleses y la embarcaron en las galeras. Sin ningún tipo de resistencia, solo hubo que contabilizar una baja en las filas españolas.

Antes de zarpar de nuevo se celebro una tradicional misa católica, prometiendo construir una iglesia después de que Inglaterra fuera derrotada.

Tras zarpar el 4 de agosto,  tuvieron un encuentro con un navío inglés que fue rápidamente hundido por la artillería española; este buque seguramente era una avanzada de las fuerzas al mando de Drake y Hawkins, que alertados por los sucesos en Cornualles, acudían en gran número para neutralizar a las naves españolas, pero que consiguieron ser eludidos por los españoles.



No terminaron los peligros, y el 5 de agosto, se toparon con una escuadra holandesa de 46 barcos de la que consiguieron zafarse no sin antes hundir dos buques enemigos. 

El 10 de agosto, Amézquita y sus hombres desembarcaron victoriosos en Blavet con un saldo de 20 bajas, todas ellas en la escaramuza contra los holandeses.


Esta expedición cumplió con su objetivo de castigo, sembrando el terror y el desconcierto en Cornualles. A raíz de este éxito, se puso de relieve la superioridad española en el Canal de la Mancha y la manifiesta debilidad de las tropas de tierra de Inglaterra.

Fuente| MundoHistoria




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