lunes, 27 de enero de 2014

Asedios, Cercos y Sitios de Gibraltar (XIII). 1704, el duodécimo asedio

Tras la captura anglo-holandesa de Gibraltar, los aliados franco-españoles, a primeros de septiembre de 1704, rápidamente preparan una contraofensiva, bajo el mando de Francisco Castillo Fajardo, Marqués de Villadarias, capitán general de Andalucía, quien marcha hacia el istmo con un heterogéneo ejército de unos 4.000 hombres. Allí montó campamento fuera de alcance de los cañones enemigos a la espera de refuerzos. El Marqués consigue reunir alrededor de 7.000 hombres, pero planea reunir una fuerza de al menos 12.000 antes de lanzar un asalto. Finalmente, se logra una fuerza de unos nueve mil efectivos, principalmente los correspondientes a los ejércitos de Andalucía y Extremadura a los que se añadirán unos tres mil soldados galos y varias piezas de artillería desembarcadas en Gibraltar al amparo de la flota al mando del general Cavane.

En la parte británica el Príncipe de Hesse-Darmstadt, que había tomado el control de Gibraltar después de su captura, estructuró una serie de defensas en torno a la roca y organizó a los 2.000 efectivos ingleses y holandeses bajo su mando para sostener las áreas vulnerables con relativamente pocos hombres, reforzando las defensas, emplazando estratégicos puntos artilleros, y construyendo a las puertas de la ciudad, en las zonas arenosas del istmo, una laguna unida a la bahía de Algeciras por una esclusa y un profundo foso con  el objetivo de impedir el paso de los sitiadores a la ciudad, todo ello confiando en resistir el mayor tiempo posible a la espera de refuerzos.

Defensas de Gibraltar tras la toma inglesa en 1704.
 Así, a finales de octubre, las fuerzas españolas emplazan su primera batería y comienzan a hostigar las defensas mas septentrionales, mientras que fuerzas galas intentan desembarcar infructuosamente en el puerto sufriendo un importante revés naval frente a la escuadra de Sir John Leake, que desde ese momento consigue el control naval efectivo sobre la bahía de Algeciras. 

En noviembre se lleva a cabo una incursión de unos 500 hombres al mando del coronel Figueroa con el objetivo de tomar posiciones en las alturas del peñón que termina con la aniquilación de la expedición. Por otra parte, a los pocos días, tropas al mando de Don Luis Solís y el marqués de Paterna rechazan un desembarco británico en el istmo.

Las trincheras españolas continuaban avanzando penosamente hacia la ciudad bajo el fuego gibraltareño y las inclemencias del tiempo, que se cobraban su tributo en vidas, enfermedades y deserciones.

El 7 de febrero de 1705, se ordena un ataque sobre la ciudad por una pequeña brecha en la muralla norte que se torna en auténtico desastre debido al intenso fuego defensivo de los ingleses, y a la falta de apoyo francés a las unidades españolas que encabezaban el ataque, dejando al menos 200 muertos en esta acción. Al día siguiente los sitiadores reciben desde Francia un refuerzo de 4000 hombres para continuar con el asedio.

También se envió al mariscal de Tessé  para hacerse hacerse cargo de las tropas. El marqués de Villadarias y algunos de sus generales no se toman nada bien esta imposición, y se retiran del campamento airadamente. El mariscal de Tessé planea conquistar la ciudad a base de ataques combinados desde tierra y mar, contando para ello con el marques de  Pointy y sus trece navíos de guerra. El 28 de febrero se inicia las operaciones, en donde los barcos bombardearon la ciudad de Gibraltar para intentar un posterior desembarco desde el sur, en la zona próxima a Punta Europa. Esta acción no obstante debió ser cancelada debido al temporal que se abatía sobre la zona.

Almirante John Leake (1656-1720) 
Como respuesta a los renovados bríos navales galos, aparece en escena un viejo conocido, el almirante Leake, quien zarpa de Lisboa en auxilio de Gibraltar el 6 de marzo con una flota de 40 buques. La flota francesa, al tener noticias de esta aproximación, entra en pánico, siendo su principal objetivo desde ese momento el de alcanzar cuanto antes aguas mediterráneas para no quedar acorralados en la bahía de Algeciras, donde son carne de cañon para su potente oponente. 

El desastre francés no había hecho más que empezar, puesto que los barcos en su apresurada huída, al pasar por Punta Europa fueron atacados por las baterías de la zona, y la escuadra inglesa, en las proximidades de punta Carnero, emprendió la persecución de los malogrados buques franceses consiguiendo capturar el Arrogant, Ardent y Marquis. Por otra parte, ante el hostigamiento británico el almirante Pointy manda quemar los buques Magnanime y Lis tras haber puesto a salvo sus tropas en Marbella.

Con semejante panorama, el mariscal de Tesse decide levantar el sitio de Gibraltar fijando no obstante tropas en la zona para mantener la posiciones españolas y someter la plaza a un bloqueo.

Este duro asedio, con una duración de ocho meses tuvo un coste humano aproximado de unos diez mil hombres de las tropas hispano-francesas.

Fuentes: