lunes, 23 de diciembre de 2013

El violinista que paró la guerra

Escenario europeo en septiembre de1942
Durante la Segunda Guerra Mundial, se produjo la famosa "Batalla de Stalingrado", en uno de los episodios bélicos más sangrientos de la Historia, en la que murieron más de dos millones de personas, gran parte civiles. Hitler quería conquistar a toda costa este enclave, no sólo por el simbolismo que representaba para humillar a los Soviets, sino porque también representaba la llave de entrada al ansiado petróleo del Caúcaso que tan necesario era para que los alemanes pudieran continuar con su esfuerzo bélico. Alemania se jugaba gran parte de la guerra a esta carta, y los soviéticos no se lo pusieron fácil.

En la navidad de 1942, en uno de los inviernos más duros que se recordaban, los soviéticos, a pesar de su victoriosa contraofensiva, apenas contaban con suministros, munición y combustible,  y tenían la moral por los suelos.

En esta tesitura se encontraban, cuando a los mando soviéticos, se les ocurrió dar un concierto de música al aire libre para intentar levantar el ánimo de sus hombres y de esta manera aliviar en la medida de lo posible la angustiosa situación por la que atravesaban.

Uno de los concertistas, Boris Goldstein, violinista, se separó del grupo y quedó sumamente
Boris Goldstein
impactado por el estado de ruina de la ciudad y sus moradores, amén del deplorable cuadro que presentaban las tropas. Todo indicaba ruina allá donde mirase, fuesen hombres o edificios, militares o civiles, por lo que decidió contribuir en todo lo que pudiese a mejorar el estado de ánimo de sus compatriotas.

Boris Goldstein contribuyó al esfuerzo soviético haciendo lo que mejor sabía hacer. Blandiendo su violín, se decidió a dar el concierto de su vida mientras rugían las balas y la artillería alemana, que ni siquiera en nochebuena parecía dar un respiro. Tocó todo tipo de piezas clásicas y melodías conocidas para regocijo de sus compatriotas, y cuando se le acabó el repertorio, aunque estaba estrictamente prohibido, siguió con piezas de Juan Sebastián Bach.

Entonces fue cuando se empezó a gestar el milagro. Paulatinamente, fue cesando el fuego alemán, y Goldstein siguió interpretando a Bach ¡¡a petición de los alemanes!!, que lo solicitaban desde sus líneas a cambio de un alto el fuego...y durante hora y media, soviéticos y alemanes no intercambiaron ni un solo disparo, tan sólo concentrados en disfrutar del concierto de un tal Goldstein interpretando a Bach con su violín. Durante hora y media, en la nochebuena de 1942, en Stalingrado no hubo guerra...